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ALDEAS ABANDONADAS

Sierras de Cazorla, Segura y las Villas

Sábado y Domingo 29 y 30 de de julio de 2016

Esta ruta por las aldeas abandonados de la Sierra del Segura es un viaje a aquellos parajes, lugares y tierras, que los serranos, desde antiguo, habitaron hasta su forzosa expropiación y expulsión hace más de 50 años.

Quiero poner una cita, que por cierto no es mía y que vi en otro blog, que dice así:
"No existe ningún lugar en la Sierra en el que el olvido haya sido más cruel que en estas aldeas de Santiago-Pontones. Obligadas a desaparecer por los intereses espurios de una administración déspota y despiadada, muchos de sus habitantes fueron desalojados forzosamente para ser recluidos en lugares artificiales como Cotorrios o El Vadillo, poblados creados por el antiguo Instituto de Colonización para acallar las conciencias".

Descripción:

La ruta llevaba en la cabeza más de 3 años, pero ciscunstancias que no vienen al caso la hicieron que se fuera retrasando hasta que este año, SI o SI, teniamos que hacerla.

Uniremos belleza natural de los paisajes, cortijos, bancales y antiguos caminos, que nos transportan en el tiempo. Lugares espectaculares como La Fresnedilla de Aguasmulas, Hoya de la Albardía, Los Centenares o Las Canalejas son el viejo recuerdo de una huella humana que dio calidez a una tierra dura y salvaje como pocas..

DÍA 1:

Temprano ponemos rumbo a las sierras de Cazorla, tras un largo viaje dejamos el coche en la puerta del camping de los Llanos de Arance, donde iniciamos la ruta con unos 20 grados.

La pista nos lleva a cruzar el aguasmulas.

Pasamos un el antiguo control de acceso.

Casa forestal de Los Bonales, donde una cadena cierra el paso.

Fuente de los Bonales, donde nos aprovisionamos de agua para los próximos kilómetros.

Empezamos a andar por una cómoda pista que nos subirá hasta el emblemático cortijo de la Fresnedilla, superando algo más de 300 metros de desnivel durante 9 kilómetros.

El aguasmulas lo recorreremos durante la primera parte de la ruta, casi desde su desembocadura hasta su nacimiento en los contrafuertes del Banderillas.

Pasamos junto a la presa del Arroyo del Hombre, de donde parte un camino hacia el pintoresco cortijo del Tío Ratón, ruta que dejamos para el 2017, una construcción serrana excavada en la ladera de la colina, ejemplo de integracion extrema con el entorno natural.

Nosotros continuamos subiendo, con vistas a la inconfundible silueta del Mulón.

Los impresionantes cortados de Las Banderillas se nos muestran lejanos desde la pista, su vista nos acompañará durante diversas partes de esta travesía.

La Cordillera de Las Banderillas, que se extiende durante 8 kilómetros de Norte a Sur por el centro del Parque Natural, es una de las formaciones rocosas más impactantes y rotundas de estas Sierras.

Primeras vistas a la Piedra del Mulón y su cortijo.

Seguimos subiendo por la pista, sin pausa, pero sin prisa, admirando las magníficas vistas que vamos teniendo de cuanto nos rodea.

Pasamos un reciente desprendimiento del carril de Aguasmulas, a apenas un kilómetro del final en el mirador de la Fresnedilla. Las Banderillas presidida por la impresionante Peña Plumera nos reciben en todo su explendor.

Llegamos al final de la pista.

Ahora tomaremos una sendero, que nos llevará a las casa de la Fresnedilla, lugar donde dejaremos pasar el agobiante calor que está empezando a hacer.

Al fondo se ve La Fresnedilla.

El cortijo de la Fresnedilla, cuyo último habitante, el Tío Máximo, es el ejemplo más claro de la tragedia que supuso para los serranos de estas duras tierras el tener que dejarlas cuando se creo el Coto Nacional en los años 60.

LA HISTORIA DEL COJO DE LA FRESNEDILLA

El pastor Máximo Fernández de la Cruz se negó a abandonar sus tierras, cabras y ovejas cuando se realizaron las repoblaciones forestales por parte del Patrimonio Forestal del Estado y después por el Icona.

Era propietario de un cortijo de unas 1.000 hectáreas junta al Aguamulas, comenzó su lucha cuando la administración quería comprar sus pastos para plantar pinos, con la "sana" intención de crear un gran coto de caza en la sierra.

Al no existir escrituras de propiedad de las tierras, que se habían transmitido de generación en generación sin necesidad de papeles, facilitó enormemente la expropiación de sus tierras.

Esta postura estatal, facilitó enormemente la marcha de los habitantes de estas tierras, al reducirse muy considerablemente los pastos para el ganado, quedando deshabitadas multitud de pequeñas aldeas y cortijos.

Máximo, acostumbrado de toda su vida a la libertad de moverse por la sierra a sus anchas, lugares donde volaba el quebrantahuesos y correteaban las manadas de lobos, se aferró a su tierra, su única razón de existir.

En el año 1982, cuando contaba con 66 años, fue condenado a cuatro meses de prisión y a una multa de 9.585 pesetas, como indemnización al Icona, por haber arrancado un trozo de malla metálica que protegía una plantación de pinos jóvenes. Se solidarizaron con él multitud de asociaciones ecologistas y conservacionistas de todo el país, se llegó a crear un grupo de apoyo para solicitar su libertad de prisión, dado su estado de salud y su avanzada edad.

No sirvieron de nada las solicitudes al juez de libertad para Máximo, cumplió los cuatro meses de prisión en la cárcel de Jaén, donde su salud se vio seriamente afectada. Su estado físico empeoró de tal forma al salir de prisión, que murió en el año 1986.

Estado en el que se encuentra:

Los magníficos nogales de la Fresnedilla nos sirven de perfecto lugar para comer un bocadillo, mirar las fotos que hemos realizado, y porqué no, para dar una cabezadita.

Tras la minisiesta iniciamos la parte más dura del día, la cuesta hasta el collado del Cortijo de Cubero. Casi trescientos metros de desnivel en apenas un kilómetro. Para ello nos guiamos por las señales blancas y rojas..

El ascenso es por un pinar, que nos da sombra.

Último esfuerzo

Ya en lo alto del Collado, admirando la vista a Peña Plomera, al fondo y el castejon de los Toros a la derecha, que aunque parezca inexpugnable, en su cima se sembraban garbanzos y se subia con mulos a por la cosecha.

Descanso breve para recuperar el resuello y para observar el espectacular vallecito del Cortijo de Cubero. El cortijo lo dejamos abajo, aunque pensamos en llegar a él, el tiempo se nos está echando encima y no queremos retrasos.

He iniciamos la subida paralelos al arroyo del hombre sin agua en esta época del año

Camino perfectamente balizado y facil de seguir.

Tiná de las Hoyas, lugar de aprisco del ganado

Pasada la Tiná, entramos en una de las joyas de esta ruta, el valle de la Hoya de la Albardia (aunque la época del año no haga honor a la belleza de la zona).

Siguiendo las balizas del GR llegamos a la primera aldea/cortijada abandonada: La Hoya de la Albardia.

Paseamos por sus calles.

Miramos sus ruinas y restos.

Y comprobamos como el tiempo hace su trabajo y va poco a poco destruyendo todo.

Estado actual

Estado hace unos 8 años

Vista de parte de la aldea desde la casa situada más arriba de la cortijada.

Nos despedimos de este bello y triste lugar, anclado en el tiempo en que fue abandonado.

Continuamos el camino por las señales de GR, buscando el punto más alto de esta ruta, el collado del Fraile a 1572 metros de altura.

Antes unos dornajos metálicos nos dan una pista de una fuente, y así es, pero el agua estaba llena de impurezas por lo que preferimos no beber de ella.

La subida es muy llevadera. El paisaje va cambiando, se vuelve agreste y pedregoso.

El GR se desvia a la derecha, nosotros seguiremos de frente, buscando los Frailes.

Ya se pueden ver los “frailes” que dan nombre a este collado.

Antiguo camino que unía la Hoya de la Albardia con el cortijo de la Cabaña.

LLevamos ya unas pocos horas de pateo y se nota el cansancio cuando llegamos al mirador sobre las ruinas del cortijo de la Cabaña, al fondo y rodeada de chopos (foto de internet)

Aquí nos desviamos, por un antiguo camino, pasando junto a las ruinas de la casa forestal Prao de la Peguera, del que solo quedan un montón de piedras y alguna teja. Muchos de los cortijos y aldeas fueron literalmente dinamitados para evitar que los serranos volvieran a sus tierras. (foto de internet)

Seguimos camino.

Y cuando el camino inicia una leve subida...

... nosotros tomamos por una senda antigua que por pinos nos lleva a Los Centenares

Estamos finalizando la ruta de este primer día llegando Los Centenares, pero es al llegar que nos da la sensación de oir voces de niños, algo raro si nos acercamos a una aldea abandonada, ¿no?, en una zona aislada a la no llega ningún carril abierto al paso de coches.

Por fin Las Centenares.

Hace años

La aldea expropiada de Los Centenares se asienta en una especie de plataforma, a 1300 metros de altura, sobre el Barranco del Lobo, rodeada por tres enormes eras que permiten una visión panorámica de todo el valle.

Y sí, hay niños, la única familia que aun conserva su casa en la aldea están alli de veraneo con los nietos, y están en la puerta tomarndo el fresco cuando nos acercamos.

Son ellos los que nos recomiendan el agua de la fuente/lavadero, más fresca, que la fuente de su puerta, para llenar las botellas, y nos comentan qué casa está mejor para dormir en ella, aunque la idea que traemos es la de dormir al aire.

Vamos a la fuente, a llenar los botes.

Y ahí decidimos que vamos a ir a la aldea de Los Miravetes, muy cercana, pero antes miraremos la casa que nos han recomendado.

Decidiendo.

Vamos a ver la casa del almendro, para ello pasamos por lo que parece una calle del pueblo, las casas han colapsado y se encuentran en su mayor parte caidas.

La casa recomendada presentaba una habitación limpia, aunque el resto de la casa estaba en ruinas

Desde la casa podemos ver a lo lejos, la Aldea de los Miravetes

Sin mochilas ponemos dirección a Los Miravetes, vamos rápidos queda poco rato de luz y queremos visitar todavía la aldea y preparar la "cama".

El camino es paralelo al arroyo, sin camino definido hasta llegar a los pies del promontorio donde se asientan las casas.

Los Miravetes es la otra aldea de esta parte del Valle. Más pequeña y encajada a la sombra del Poyo Serbal. Está muy cerca de donde el arroyo de Los Centenares se une al de la Espumaderas en la zona de las Huelgas.

Recorremos su calle, su casas, vemos los restos de lo que tuvo que ser un lugar pobre, y duro para vivir.

Las casas, poco a poco van sucumbiendo al paso del tiempo y al abandono al que están sometidas.

Una de ellas, la Casa de Liboria, mujer que fuera del Tío Bernardo Jiménez, el último habitante de Las Huelgas (aldea cercada, también abandonada) y uno de los últimos viejos serranos, se conserva en muy buen estado, dentro del abandono del lugar. (foto de internet)

El Tio Bernardo en la puerta de la que fuera la casa de su mujer. (foto de internet)

Esta casa es la única de toda la aldea que está habitable, con mesa, sillas y un lema en la pared "Cuida la casa y su entorno".

Aunque hace unos años presentaba un aspecto mucho mejor (foto de internet).

Cerramos la puerta de la casa para que no entren animales y subimos a lo que parece la era y echamos una última vista a Los Miravetes.

Como punto final, decir que a estas aldeas estaban a punto de ponerles el suministro eléctrico poco antes de su expropiación, de ahí los restos de enganches en las casas y postes cercanos. Nunca llegaron a disfrutar la luz en sus casas estos serranos.

Volvemos sobre nuestros pasos, recogemos las mochilas y nos vamos a la zona de la fuente, lugar donde acamparemos.

Y preparamos el lugar para la noche.

Lavamos algo la ropa.

Nos lavamos nosotros, pero poco, el agua estaba congelada.

Y enfriamos la bebida.

Y a la cama, a ver miles de estrellas, y unas cuantas estrellas fugaces.

DIA 2

Dormimos más mal que bien, la falta de costumbre y aunque en julio, la noche ha sido algo fresca. Y para colmo unas gotas de agua hacen que nos despertemos con el miedo a un chaparrón, aunque luego solo fueran cuatro gotas.

Son poco más de las 6 de la mañana y ya estamos esperando todos a que amanezca para ponemos en marcha.

Tomamos desde la misma fuente en linea recta hasta una pista que sale cerca de Los Centenares y que creemos es la misma que ayer dejamos al poco de los restos de la casa del Prao de la Peguera y que nos lleva a la aldea de las Canalejas, tambien desaparecida.

Tomamos la pista y desechamos la idea de bajar directos hasta el cementerio, preferimos la pista que va al mismo sitio con algo mas de recorrido pero menos desnivel.

La primero que vemos de la aldea es su cementerio, que servia para entierro de todos los habitantes de la comarca. En él fue enterrado el Tio Feligrés. Como todo lo visto, también va sucumbiendo al tiempo y al abandono, aun así, algunas tumbas tienen flores, recuerdo de los familiares vivos.

Seguimos por la pista y encontramos la fuente de las Canalejas, junto al arroyo.

Y ya no vemos nada, Las Canalejas era una importante aldea de esta zona, con cementerio, iglesia, tienda, colegio nacional y otros servicios. Pero fue dinamitada, solo se indultó la casa del cura y la Iglesia.

¿Casa del Cura?

Llegando a la Iglesia

La iglesia en los años siguientes al abandono de la aldea.

Estado del interior.

Estado de la iglesia en 2008

LAS CANALEJAS

Descripción sacada del libro: Las Canalejas. Una aldea en la memoria. Por Tomás López López.

Las Canalejas era una de las aldeas más importantes de la Sierra de Segura y de toda aquella amplia comarca, en la que vivíamos unas sesenta familias, muchas de ellas muy numerosas. El número de habitantes pasaba de los trescientos y pertenecía al municipio de Pontones en la provincia de Jaén.

En su entorno había un gran número de cortijadas y pequeñas aldeas, creo que puedo recordarlas a todas.

Empezaré por Los Centenares: de aquí venían varios alumnos a la escuela porque estaba muy próxima a nuestra aldea.

La Tinada también estaba muy cerquita, en esta cortijada existía una familia que tenía una pequeña industria, fabricaban tejas y las hacían muy buenas y fuertes; tenían que resistir el peso de la nieve que en toda aquella zona, en los inviernos, se acumulaban bastantes centímetros de espesor en los tejados.

El Poyo de la Higuera, Las Huelgas, El Miravete, Parrates, Las Malezas, Las Losillas, Los Archites, El Aguaeríco, Mira Buenos, Agua Mula, La Casa de las Tablas, El Royo del Hombre, Las Grajas, La Majada de la Lana, La Fresnadílla, la Cueva del Torno, Los Villares, Las Hoyas de Albardía, El Mulón, Cuberos, Los Aguaciles, Las Cabañas y El Prado de la Peguera.

Para todos los habitantes de estas aldeas y cortijadas, Las Canalejas se podía decir que era su capital, por encontrarse en el centro neurálgico de toda aquella amplia comarca, por su cercanía y porque en ella encontraban todos los servicios que cualquier pueblo podía ofrecer en aquellos tiempos: una escuela mixta donde se impartía clase a los niños y niñas de la zona en edad escolar que podían asistir; una iglesia, donde se podían celebrar bodas, bautizos, comuniones y toda clase de actos religiosos; un cementerio donde recibían sepultura las personas que fallecían en toda la comarca. También había servicio de Correos, tan importante en aquella época; pensad que la forma de comunicarse que existía con los pueblos más cercanos era recibir las cartas y los telegramas cada dos días.

Las situaciones que se presentaban en los inviernos cuando se producían aquellas grandes nevadas. Eran situaciones de verdadero dramatismo, sobre todo cuando algún vecino de la aldea se ponía enfermo de gravedad y a causa de la nieve, era imposible poder salir a buscar un médico. Esta era quizá la parte negativa de vivir en aquel incomparable lugar.

También en la aldea había comercios, y muy bien surtidos de toda clase de artículos que se pudieran necesitar. Bares, también llamados tabernas, no tan lujosos como los que hay ahora, pero muy agradables y acogedores para pasar un rato con los amigos y vecinos.

También toda clase de servicios: carpinteros, albañiles, serradores y talleres, como la Fragua del señor Antonio Teruel, donde fabricaban y reparaban toda clase de herramientas y útiles para las faenas del campo; como hachas, azadas, escavillos,y toda clase de aperos de labranza.

Ponían las herraduras a las bestias: mulas, caballos y burros, imprescindibles estos para las labores del campo.

En aquellos tiempos, en la aldea no existían los tractores ni los coches, por lo que todas las familias procuraban tener un animal de carga en su casa, burro, mulo o caballo.

Esta aldea, Las Canalejas, estaba asentada en un maravilloso valle, adornado con sus numerosas nogueras, y árboles frutales, rodeada por dos arroyos de agua que procedían de sus numerosas fuentes y hacían de ella un lugar maravilloso.

La portada del libro, es una vista de como era la aldea cuando el autor tuvo que abandonarla.

Pintura de como eran Las Canalejas, pintado por el mismo autor del libro.

La necesidades y seguro que la rapiña, no han dejado nada de esta aldea que no sean piedras y alguna madera. Intuimos donde quedan la casas a duras penas.

Seguimos por el carril que sube al Majal Alto, pero antes de cruzar el pequeño arroyo de las Canalejas, tomamos por unos bancales un antiguo camino que desciende el estrecho de Carriqui, precioso camino de piedra seca que sortea las dificultades del camino con facilidad, y que como toda la ruta acusa el abandono.

Estrecho de Carriqui, lugar donde una presa colmatada crea una bonita cascada, aquí el camino se ha derrumbado quedando el espacio justo para poder pasar. Seguramente este paso tiene los años contados.

Aqui nos salimos, o eso creemos, del camino, y más por intuición que por otra cosa iniciamos la bajada campo através por un bosque de pinos buscando la pista.

Llegados a la pista tenemos vistas a la isla de Bujaraiza en el pantano del Tranco, que por el estado de las aguas se puede llegar a ella a pié.

La pista baja haciendo eses, atajamos por un cortafuegos, y de esta forma nos ahorramos tres kilómetros de pista, aunque la bajada es dura.

Y ya en la pista solo nos queda bajar por la misma, hasta enlazar con la que tomamos ayer en subida a la Fresnedilla. La pista va haciendo pronunciadas curvas buscando cruzar el arroyo de las Grajas y luego el Aguasmulas, el final ya está cerca.

Hasta llegar al punto de partida.

Una ruta dura, pero a la vez preciosa, que nos ha llevado a conocer la parte de segura que no aprece en los folletos, y que por suerte para su conservación, no conoce el turismo de masas.

Foto de Grupo

Información de la ruta:

DISTANCIA: 40 kilómetros 170 metros

ASCENCION ACUMULADA: 1334 metros.

ALTURA MÁXIMA: 1557 metros

ALTURA MÍNIMA: 643 metros

Gracias a todos.

C.D. de Senderismo y Bicicleta de Montaña " El Pozuelo " Fernán Núñez (Córdoba) [España]